Germán Santamaría,  autor que narra la crónica de Omayra y Consuelo: dos niñas en el barro, publicado en el libro “Colombia  y otras sangres” Bogotá, Editorial Planeta  1987. Cuenta la historia de dos niñas que luchan por vivir, mientras que los socorristas impotentes por no poder hacer nada para ayudarlas; los periodistas que llegaban de todas partes trataban de darle ánimo a Omayra para que no fuera a fallecer, aunque ellos sabían que  de todas maneras se iba a morir.

Entre los escombros de Armero, la niña Omayra Sánchez,  de tan solo 12 años, lucha por salvarse con medio cuerpo por fuera del lodo, pero al ver que se encuentra aprisionada con  ladrillos  y rocas de la cintura para abajo,  dice que siente que está pisando el cadáver  de su tía y tal vez el de su padre. Aunque la pequeña llevaba ya dos días allí miraba a los socorristas  con gran asombro; pero por más de dos horas los periodistas hablaron con ella,  pasado un tiempo la niña  les pidió  que se fueran  a descansar ellos dieron media vuelta  y empuñaron  las manos para que la niña no los viera llorar.

Al día siguiente llegaron los socorristas y los médicos, esperando que  llegaran con la motobomba para sacar el agua que cubría a Omayra,  pero fue imposible  que la llevaran ese día.  Los médicos decían que era imposible sacarla viva;  así sacaran el agua  tenían que córtale las piernas, optaron por colocarle un neumático alrededor de sus brazos  para que no se fuera ahogar  ya pasados dos días enviaron  un helicóptero desde Bogotá con una  motobomba.

Aunque la niña  seguía luchando para seguir viva, ya se veía muy mal se le estaban colocando los ojos rojos y la carita inflamada, pero así todavía la niña contaba historias  para alegrar la tragedia aunque ella era inocente de lo que había ocurrido en Armero, al rato pidió algo de tomar y los socorristas le dieron agua y pan  después ella les dijo que se fueran a descansar y volvieran  para que la sacaran de allí.

Ella  lo único que pedía era que  no estuviera pisando a su padre porque eso si le dolería, a pocos metros de allí estaba Carmen Cecilia  y Gladys luchando por salir del lodo, las tenían los médicos con máscaras médicas para que pudieran respirar; después de un rato Omayra  le pidió a los periodistas que si podía enviar un mensaje a su madre, fue cuando la niña se despidió y le dijo a su mamá que la quería mucho; su papá y su hermanito también, que rezaran por ella y por las persona que la estaban ayudando para que la sacaran de allí, aunque dijo que se tenía que ir porque Jesús la estaba esperando.

A las 12:30 p.m. de ese sábado la niña falleció,  y a pocos metros  estaba Carmen, esperando  que la sacaran  y fue cuando decidieron trasladar la motobomba para sacar el agua que rodeaba a Carmen y a Gladys, cuando por fin lograron sacarle las piernas, fue cuando gritó Carmen: “no siento al niño”, los médicos le pidieron a los socorrista que les ayudaran para realizarle cesárea y sacar al bebé;  cuando  nació dijeron “está vivo, es una niña”; gritaron: “que se llame Esperanza” y otros dijeron que se llame “Consuelo”;  Cecilia, la madre, dijo “se va a llamar Consuelo”. A las tres la introdujeron en el helicóptero y todos se quedaron allí, llorando de felicidad.

Los socorristas, médicos y periodistas que presenciaron esa tragedia de Armero. Fueron los que más sufrieron por  ver  cómo padecía Omayra,  el sufrimiento de estar enterada y no poder salir  y ver qué tanta gente había  muerto y no pudieron ayudar a aquella niña que con esos ojitos enrojecidos  los miraba con angustia de que no la podían sacar.

SANTAMARÍA, Germán. “Omayra y Consuelo, dos niñas en el barro”. Tomado de: Colombia y otras sangres en 1987.